Se dice por ahí que cuando el alumno está listo, el maestro llega. 

Todos hemos sido alumnos en esta vida, pero también hemos sido maestros. Nunca dejamos de aprender, y nunca dejamos de crecer. Muchas veces sin darnos cuenta, enseñamos algo nuevo a alguien más y al menos por un instante somos maestros.

La habilidad de enseñar de un maestro está completamente ligada a la receptividad y humildad del alumno, sin ella no podemos aprender, la humildad es esa capacidad que tenemos de reconocer que siempre podemos aprender más y que no todo lo sabemos, que constantemente tenemos la oportunidad de crecer y adquirir nuevos conocimientos.

Hay maestros que al compartir sus conocimientos tocan y transforman profundamente nuestras vida trayendo a ella mayor claridad que nos permite ver las cosas desde un  espacio más consciente, y hay otros, que sólo están de paso, que dejan su lección y siguen su camino.

A través de la consciencia, comparten su sabiduría sin buscar imponerse ni tener la razón. Este compartir es uno muy amoroso, orgánico y natural, pues sólo ponen la información a tu alcance para que seas tú quien la digiera y al hacer tuyo este conocimiento, te conviertas en tu propio maestro.

Todos tenemos esa capacidad, sólo requerimos confiar en nuestro saber, ese que siempre ha estado dentro de nosotros, en lo más profundo. Somos más potentes de lo que nos contaron, y nuestra capacidad para crecer, cambiar, aprender, evolucionar y transformar no tiene límites. Reconoce a los maestros en tu vida, aprende de cada experiencia, reconoce tu potencia, reconócete a ti.

Foto por: Simon Migaj

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