Podríamos decir que la gratitud es el nutriente que nuestro corazón y alma necesitan. Cuando agradecemos desde lo profundo de nuestro Ser, esto tiene un gran impacto sobre nuestra energía y como consecuencia sobre nuestro entorno.

La gratitud vibra en una frecuencia alta que tiene efecto directo y positivo en cada una de nuestras células y moléculas. En automático comienza elevar nuestra propia frecuencia y vibración. A mayor gratitud, más elevada es nuestra energía.

¿Qué tiene de bueno que nuestra energía, frecuencia y vibración estén altas?
Cuanto más alto vibramos, menor es la densidad y solidificación de nuestras creencias, juicios, expectativas, barreras, miedos, impedimentos, limitaciones, y mayor es una nuestra percepción y receptividad hacia una realidad más ilimitada

La vida comienza a sentirse más ligera al hacernos conscientes de todos y cada uno de los regalos y magia que hay en nuestras vidas. Desde el más pequeño como es quizá tener comida en el refrigerador, hasta algo más grande como sería lograr nuestro más anhelado sueño. Para sentir y vibrar en gratitud, no existe demasiado pequeño ni demasiado grande.

La energía de esta temporada, justamente nos invita a observar nuestra vida y rendirnos a la gratitud, y de esta forma conectar con esta energía tan potente que invita a que lleguen a nuestras vidas más razones para agradecer. Si no somos conscientes ni capaces de sentir gratitud por lo que ya hay, ¿cómo puede llegar más a nuestras vidas si lo que hay no somos capaces de apreciarlo?

No sólo se trata de agradecer de palabra, sino vibrando desde lo más profundo de nuestro Ser. Integrándolo como parte de nuestra energía, de nuestra vida. Como un regalo divino que lo que hace es permitirnos ser más conscientes y abrirnos a recibir más como consecuencia.

Foto por: Chad Madden

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